2013/02/02

À bout de souffle (o aquel sueño sobre tiburones)


El otro día tuve un sueño un tanto esclarecedor puesto que se presentaba casi solo, sin cavilaciones de ningún tipo. Me hallaba en un auto-retrato quimérico bastante realista, ya sabéis, ese tipo de sueños donde uno cree a ciegas la realidad de esa situación. Despojado de algunos ropajes hecho jirones, estaba en un subterráneo, como una piscina sucia y mugrienta rodeada de unos bloques de piedra donde uno podía mirar al techo sin estar dentro del agua turbia. Si mirabas arriba había unos tubos donde al parecer, nos lanzaban pescado. Allí no estaba yo solo, en aquel subterráneo circular se hallaban personas en estados lamentables, decidiendo si vivir de la comida que le lanzaban a cada rato por las tuberías, o lanzarse al agua. De vez en cuando alguien entraba con una vara de metal abriéndose camino entre la negrura y la espesa suciedad de aquel pozo de desesperanza para soltar: "Si no quieres comer, bien, morirás igualmente, si comes, quizás tengas fuerza suficiente para andar sobre el agua y que te coman los tiburones". No parecía ninguna metáfora, de hecho, el sueño había planteado un incidente incitador sin medias tintas, era totalmente literal. Aquellos señores despojados no de sus vestiduras, sino de sus corazones impíos de cualquier tipo de humanidad, movían los hilos de un genocidio absurdo, lanzar personas a una fosa de tiburones. Alimentarlos para que tengan alguna esperanza, o simplemente para vivir otro día en ese infierno. La decisión falta de cualquier libertad, pero por contradictorio que parezca, dictatorial en cuanto a la decisión personal y libre de cada uno. Los tiburones te comerán seguro, de allí no hay salida a la vista, no hay nadie más que otros como tú que esperan, aguardan, acarician la muerte mientras le dan de comer. Y no hay futuro, no hay mucho más. El amor que sentía hacía los demás, sin ni siquiera hablarnos allí tumbados en aquellas frías rocas de alquitrán, era lo más bonito que he sentido nunca antes en un sueño. Y la pesadilla no es más que una representación de los miedos, pero esto, esto que soñé, es un reflejo de una vivencia, de lo que nos aguarda tarde o temprano, de las decisiones que toman ya las riendas de otros, a nivel personal, para seguir a contracorriente con mi entorno. Pero ante todo, una manera de valorar donde, con quien y como vivo, pues cuando uno se despierta está afuera escuchando el viento, lejos de los tiburones y con los pies calientes. Respirando rápido, calmando la conciencia, recuperando el aliento. Rompiendo la nostalgia, el mar renovado con otras olas sin nombre. Los tiburones existen, pero no tienen porque comerte.