2010/05/26

"La dama de Shanghai": Tiburones que se devoran entre ellos

Seguimos a contrareloj con el mes del cine noir en el rinconcito de cine. Hoy toca, otro clásico de los años cuarenta, una joyita que va calando poco a poco, como las grandes obras, hasta que hipnotiza por completo con su total puñetazo directo al espectador. La franqueza, frialdad de la mano de un maestro como Orson Welles (dejando imprenta de su cine aquí más que nunca), se deja ver en la que nuevamente, sea la película más atípica y quizás expresionista película del cine negro, "La Dama de Shanghai". Orson Welles es un hombre corriente que entra a trabajar en un yate a las órdenes de un hombre inválido casado con una mujer fatal -Rita Hayworth-, y queda atrapado en una maraña de intrigas y asesinatos. Con esta premisa, el libreto del propio Welles (basado en una novela de Sherwood King) ya podría definirse la impecable historia de la película. Un argumento muy Hitchcockniano (mucho antes de que le diera la fama el director Inglés) donde un hombre se ve envuelto en un sin fin de problemas y cae sin reparo en una espiral sin medida por culpa, como suele ser habitual en el género, del amor, de una femme fatale que lleva el peso del carisma, del arrebatamiento y de la dualidad del film. Y más, cuando se trata de Rita Hayworth, una actriz que enamora en cada fotograma y que desprende una luz de fragilidad y misterio a la misma vez, todo un cúmulo de sensaciones que al igual que el protagonista interpretado por Welles, hagan que el espectador se desviva por ella, y se deje conducir por esta atracción de feria (como al final del film) tan bien montada y estudiada al milímetro argumentalmente hablando. Elementos del film, muy interesantes, que trata el libreto. El existencialismo de TODOS los personajes, en parte acabados y con una vida muy ruin y perdida. El protagonista, es el manzano caído del árbol, un marinero convertido en asesino (con guiño a la España franquista, Welles tenia bastante consideración con nuestro país) por su supervivencia. Ver como este hombre de buenos valores y sentimientos se mete en un lío de asesinatos y desconfianzas (un títere de la sociedad burguesa) es uno de los mayores logros del film. Ver como acaba todo, enlazar los fantásticos monólogos y diálogos que Welles (las maravillosas voz en off tan inteligentes y bien metidas en la trama, no como ahora, que siempre está para tratar como imbéciles al espectador) las maravillosas reflexiones que sueltan dentro del film, sobretodo dos, uno cuando se hace la metáfora de los tiburones, y el otro cuando Hayworth habla del amor en el barco:

"Hayworth: Me enseñaron a pensar en el amor en chino...
Welles: Pensaba que eso era cosa de franceses
Hayworth: Los chinos dicen: "Es muy difícil que el amor dure, por tanto el que ama apasionadamente, al final se librará del amor".
Welles: Es un modo terrible de pensar.
Hayworth: Hay otro proverbio que dice: "La naturaleza humana es eterna, por tanto el que conserva sus instintos, conserva su naturaleza original, hasta el final".


Diálogos imprescindibles, metafóricos y cargados de sutiles eufemismos del cine clásico, de esos que son recordados y representativos dentro del contexto de la película. Esenciales para entender la mejor parte de la película (decae quizás un poco en la correcta parte del juicio, un recurso en el que hay ya muchas películas donde muestran demasiado este proceso, aquí no molesta demasiado, pero rompe un poco la dinámica oscura y agobiante de la película) su excelente final. Un final donde Welles critica la avaricia, los celos, la perdición por el poder, y rodea a los personajes en un entorno onírico, lleno de espejos, confundiendo el juicio final hacia los personajes que el espectador pueda sacar y resolviendo perfectamente los misterios, la verdad con unos planos impresionantes, muy creativos, donde Welles demuestra lo bien que se defiende tras la cámara siempre, todo un genio (esos primeros planos, la grúa tan al estilo Welles, los cortes de montaje, las aceleraciones del celuloide en las escenas de acción, pragmáticas y brillantes para un film de finales de los 40). Si el personaje de Welles consigue con su pesimista versión del mundo (de hecho hay una parte del film donde se habla del suicidio, del fin del mundo o de la caída del ser humano ante el poder, temas de actualidad y de siempre) lo salven de la perdición de una tremenda femme fatale (calculadora y culpable en muchos aspectos de lo que pasa en el film, pero igualmente fascinante, de esos papeles femeninos tan memorables que el Hollywood de hoy ha parecido olvidar para siempre). Welles cierra en la atracción (memorable escena y la que da todos mis puntos al film, excepcional sin dudas) de feria, con un magnífico monólogo en off final y con la esperanza en los dedos hacia el protagonista. La visceral historia, la claustrofobica visión del mundo, y el cine noir como medio de transporte para toda la magnificencia del libreto de Welles. Una maravilla.

Del reparto, obviando a los dos pilares (Welles y Rita Hayworth, que están sensacionales los dos, sobretodo Rita), no puedo irme sin hablar de los magníficos secundarios, llenos de carisma, vida y de protagonismo. Everett Sloane como el mítico criminalista (y marido del personaje de Hayworth en el film). Glenn Anders como el excentrico personaje de Grisby o Ted de Corsia como Broome. Un reparto perfecto y memorable. De la dirección de Welles, nada que aportar que ya he podido nombrar antes, su realización es concisa, precisa (el uso de la fotografía tanto en interiores y más aún en exteriores, es sublime) la cámara no deja de moverse, el montaje es dinámico y preciso, un realizador muy pragmático para la época, lo cual es flipante. No llega a la altura técnica de "Sed de Mal" o "Ciudadano Kane" pero igualmente es fantástica.

"La Dama de Shanghai" es un inteligente film noir dirigido por un creativo e inspirado Orson Welles, que se vuelca en la historia y en su personaje de manera impecable y con mucho amor y pasión al cine. El elemento crítico, pesimista, frío y determinante de la historia, la elevan muchos puntos, y la convierten en un film emblemático para el género, quizás distante y menos cálida que otros films de la época, pero es por ello de sus méritos y grandezas. Toda una joya, que de no ser por la parte del juicio (que se alarga un poco, pero es genial también) sería redonda. Un 9,6.

"Verán, una vez bordeando las costas de Brasil, vi el océano tan oscurecido por la sangre, que parecía negro y el sol se ocultaba tras la línea del horizonte. Nos detuvimos en Fortaleza y varios marineros sacamos los aparejos para pescar un rato. Fui el primero en coger algo. Era un tiburón, luego apareció otro, y otro y otro, hasta que todo el mar se llenó de tiburones y no se veía el agua. Mi tiburón se había soltado del anzuelo. Y el olor, o tal vez la mancha, porque sangraba a borbotones, hizo que los otros enloquecieran. Los animales empezaron a comerse los unos a los otros, en su locura, se comían a sí mismos. Se sentía el frenesí del asesinato como un viento que hería los ojos, se olía el hedor de la muerte emanando del mar. Nunca había visto nada peor desde la reunión de esta noche. ¿Y saben una cosa?, ninguno de los tiburones enloquecidos sobrevivió."


NOTA:9,6/10
AÑO: 1947
DURACIÓN: 87 min
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1 comentario:

PEPE CAHIERS dijo...

Hace poco escribí un post sobre "La jungla de Asfalto" y decía de ella Louis B.Meyer que era "una película sobre personas horribles que hacen cosas horribles", bueno pues la extraordinaria "La dama de Shaghai" se ajusta perfectamente a esa definición. Vaya colección de sórdidos personajes!