"Nunca ha habido nada que perder
ni en alta mar ni en tierra.
Somos casi tan gigantes como tiempo atrás."
ni en alta mar ni en tierra.
Somos casi tan gigantes como tiempo atrás."
- Mäbu -
¿Y de qué nos habla "El Árbol de la vida"?, pues el guión del propio Malick, habla precisamente y drásticamente de eso, de un árbol lento, tortuoso y sinuoso, de la vida en estado puro, de sus matices desde su creación hasta la próxima destrucción de todo lo que brota. Malick sitúa dos líneas temporales para narrar su gran metáfora, a raíz de dos caminos, por un lado la conexión de la naturaleza, sinérgica y eléctrica que sigue sus propios caminos, libres, anárquicos y sufridos. Y la espiritual, con citas de Job, contraposición a la naturaleza, síntoma humano de la esperanza y los buenos valores que se diluyen en un mar de incertidumbre ante la inmensidad del universo. Y estas dos vertientes, valerosamente exploradas (con mucho arriesgo por parte de Malick, lo cual valoro más todavía) se vislumbran en la familia que aparece en la parte central del film, en los años 50. En ella vemos el buque insignia de lo que verdaderamente expone el film. Un conjunto de emociones humanas que explora el alma, la oscuridad, el sentimiento de culpa, la pérdida de la fe, la realidad, el choque hacia el fracaso, la mentira, la espiritualidad de lo que nos rodea y como sentimos cada resquicio de vida en nuestro ser (el papel de la madre es esencial para entender este punto).
El reparto, aparte de lo ya comentado de Sean Penn (que aparece poquito realmente), está centrado en la familia, compuesta por Brad Pitt, con un papel muy intenso, con una medición tremenda de los tiempos dramáticos y con un sentimiento importante, creo que de cara a los niños, es el papel que más conflicto y reflexión sobre la vida nos genera, ese y el contraste de la madre, interpretada por una bellísima, angelical y magistral Jessica Chastain, que imprime la sensibilidad de una madre hacia la vida, hacia sus hijos, la feminidad más etérea y personal, un personaje, hablando un poco por encima, muy Bergman para que me entendáis, Chastain se come la pantalla y eriza la piel en muchos planos en los que aparece llenando de belleza los perfeccionistas encuadres de Malick. Del resto, destacar a los niños hermanos del film, Hunter McCracken, Tye Sheridan y Laramie Eppler, geniales todos pero en especial el protagonista de la función, Hunter McCracken. Y llegados al punto de la dirección, Terrence Malick, no firma su mejor película, pero quizás si su film más personal, más estético y perfeccionista. Denso en su montaje, en la grabación de mil planos perfectos, inmaculados y poéticos (aunque se ensamblaban mejor a los sentidos creo, en "El Nuevo Mundo", que comparte muchas cosas con esta película, sus formas, su narración en off y sus simbología). Malick rueda unos planos bellísimos (la escena de los bebés, con la fanfarria de Bedrich Smetana Má, y la manera en la que se muestra el crecimiento, la evolución de los niños, de la vida misma, es sin duda una de mis escenas preferidas de todo el film). Los paneos, el uso de los angulares, de la atmósfera inmaculada y crespuscular, de esa steady caótica y a su vez elegante, esas composiciones pictóricas, líricas, bellas, de lo mejor que se ha visto en una sala de cine en muchos años, Malick recrea un sello impecable, difícil de digerir de una tajada, comprometido a ser analizado y reflexivo en todo lo que muestra en la pantalla. Aplauso de 10 también a la edición del film (muy densa, quizás tanto que le sobran algunas pocas cosas, pero me gustaría volver a verla para poder decidirme en este sentido) y a lo que Alexandre Desplat aporta a la poquita banda sonora original que suena en el fim, (pues el resto son piezas clásicas muy bien inyectadas a lo que el sentido anímico del film requiere)
En conclusión: "El Árbol de la vida" es sinergia de vida. Densa en lirismo. Metafórica y aforismo visual. Poéticamente bella, inconexa sin serlo para nada, eléctrica y fuerte de sentimiento. Una interpretación (o miles de ellas en una) sobre lo aciago, lo desgraciado, la debilidad del credo humano, una avalancha de energía que hace de espejo y trampolín, al abismo del fin del mundo. No ese que anuncian los falsos metalingüísticas del cosmos, si no ese que es seguro, el fin de nuestro propio tiempo, de nuestra propia existencia natural o precipitada. Tender la mano a la ternura de la muerte. Dejar paso a la generación que se perderá efímera como todas las demás que vengan, pero que perdurará de alguna manera en el recuerdo de la propia poesía de la vida, cuando ese árbol los vea crecer, alto, verde, resplandeciente. Un 9, porque haría falta un tiempo y unos visionados más para que como el buen vino, se asiente y me vuelva a decir cosas, no obstante, es una película para paladares selectos, para un público cinéfilo muy determinado, la odiaréis, os encantará y os golpeará fuerte, dejaros llevar y sacad la verdadera alma poética y emocional que tengáis, ese es mi consejo."Mia: Quiero volver a empezar, volver a ser niño.Hank: Yo también. Bueno no un niño exactamente, pero me gustaría volver al año 94, fue un buen año.Mia: ¿Por qué?Hank: Porque conocí a Karen, luego nació Becca. Fue el año que cambió mi vida. Además, no había internet, ni móviles, ni mensajes de texto, ni twitter y esas mierdas.Mia: La puta edad oscuraHank: ¡Si!, el cine costaba un dólar. La gasolina diez céntimos el galón. Las mamadas eran gratis, hablando de eso, Clinton estaba en la casa blanca, Nirvana en la radio. Y he tenido que joder lo mejor que me ha pasado jamás. Sabemos lo que tenemos que hacer Mia...Mia: ¿El qué?Hank: Necesitamos perdonarnos. Nadie va a hacer eso por nosotros."