2011/02/12

Musarañas


No abrieron los ojos, pues tampoco las musarañas se lo impusieron. No hacía falta. Eran niños tumbados en el césped, mirando las nubes, obviando las alergias, retomando palabras nuevas, sencillas e interesantes. Más allá del horizonte se asomaba la bruma y el parquet de madera que algún día los haría recorrer una dársena de barcos invisibles, allí donde las palabras recorrerían un camino hacia el olvido. Allá donde la inocencia y la mente abierta eran puras, estables , mágicas, alguien se olvidó de crecer. Ella cogió las riendas de sus coletas, deshizo su cabello en pedazos y se sentó en una silla pegada a las nubes. Con falsa euforia y con una sonría tan rojiza como sus mejillas, miró al niño que la observaba desde el césped húmedo y amarillento por las pisadas de la muchacha,  y con cierta determinación le dijo: Eres demasiado pequeño para crecer.