2010/07/18

"Synecdoche, New York": Puzzle Existencialista

"Synecdoche, New York" es la Ópera prima de un tipo especial, un guionista en mi opinión, necesario, con un mundo tremendamente propio y personal. Entre sus maravillas escritas, encontramos títulos como la sensacional "Adaptation, el ladrón de orquídeas", "Cómo ser John Malkovich"o la fantástica "Eternal sunshine of the spotless mind", os hablo de el peculiar Charlie Kaufman. El libreto lo firma el propio Kaufman, un indescriptible guión que se salta cualquier patrón, cualquier norma sobre lo que está bien o está mal dentro de una historia audiovisual, en definitiva, un amasijo bien resuelto de no-linealidad. La cinta contará como un dramaturgo (Soberbio como siempre, Philip Seymour Hoffman) que intenta representar una obra creando una réplica de Nueva York a tamaño natural dentro de un almacén, para así buscar un sentido a su vida, un conjunto de frustraciones y soledades que tendrá que lidiar con las diversas mujeres de su vida. Keener será la esposa de éste, Williams la segunda esposa y Morton su amante. Si a la hora de definir el libreto, uno queda pensativo por un momento y dice: Es Kaufman, no se puede contar como un cuento, hay que sentir los fotogramas, los monólogos morales y existencialistas que el film lanza hacia la sociedad, el amor, la mentira, la soledad, la vida y la muerte se dan la mano de tal manera, que hay cabida para la "mala leche" de la pluma de Kaufman, siempre alerta para meternos con ese tono tan caricaturesco los giros de la historia, los despuntes de la algarabía alegórica, y la elipsis casi alegórica y onírica. LLega un momento, en que el espectador ha entrado al trapo, ha flaqueado moralmente al ver al protagonista llegar a chocar con un muro de realidad tan objetivo, que lo que viene después es todo un análisis del arte, de la mente del autor, del egoísmo inusitado que mueve los hilos de la humanidad, del sufrimiento psicológico superando al físico. Kaufman se mueve en esos derroteros con cierta originalidad (a veces pasándose un poco de excéntrico y rebuscado), pero crea, dentro de los cánones de su propio universo, una obra dramática dentro de una mente creadora, una obra de teatro basada en la realidad, llevada a los términos de la gran metrópolis sentimental, que nos hace pensar, nos conmueve y nos sacude de lleno. Pues al llegar al tramo final, y entendemos el tiempo (la película empieza con un reloj que insinúa el inicio del fin) y la decisión, la inspiración, las personas que nos influyen, como el verdadero camino hacia la estabilidad.

Kaufman, indaga en el alma humana con sutileza y franqueza, tan franco a veces que la pasmosidad y la excentricidad de su deformado mundo, cobra una dureza espeluznante. La indiferencia de nuestro tiempo, el matrimonio, las relaciones fustradas, el sexo como elemento aislado, la soledad como hilo constante en el protagonista, ese sentido de aislamiento claustrofóbico, trasladado al escenario gigantesco, la obra que representa su vida, sus alters-ego, la inmundicia del egoísmo que se traduce en un intento de la incompresión hacia la humanidad, dejan desnudo al guionista (Los que verdaderamente entendemos o compartimos la privilegiada mente de Kaufman a la hora de escribir, sabrán a lo que me refiero). Pero no todo es un drama apocalíptico sobre la dureza de vivir, de las relaciones o del arte, Kaufman da pinceladas (muy pocas, como en la vida real) de momentos por los que merece la pena vivir, enamorarse, sentir las cosas, pero claramente, el guión es exclusivo, no del uso y gusto de cualquier paladar, para mi, original, tremendista y cargado de electricidad, algo que siempre pasa en las constantes que nos da Kaufman, siempre te quedarás helado, pensativo, reflexivo, su cine es así, su mundo es fantasioso, pero a su vez, realista, duro. El tramo final, bien merece una mención aparte, arriesgado, irónico (con cierto tono de mala leche hacia el espectador) acertado y tan o más inquietante que lo que nos espera a todos al final, pues como bien se explora y se dice en el film, todos somos como todos, y lo único que sabemos, es que tarde o temprano nos moriremos aunque sepamos que ahora, estamos vivos.

En el reparto, rostros conocidos (para los más cinéfilos), protagonismo absoluto para Philip Seymour Hoffman, que nuevamente deja un papel para recordar (es uno de mis actores preferidos), tomando las riendas y el peso fuerte de la película, bien podríamos decir que solo interpreta al autor, pero no es cierto, casi todo el reparto, pone las miras hacia el personaje de Hoffman, un personaje complejo, dispar, solitario y estepario, frustrado, sutil, fantástico. Autor, con ecos del propio autor, Kaufman. Le sigue, la actriz indie por excelencia, la siempre fantástica Catherine Keener, que da vida a la esposa del protagonista, un personaje carente de alma, despreciable quizás en su superficie, pero nada simple, complejo, dualista, como todos los personaje del film, creo yo, eso les hace sumamente interesantes, receptivos hacia el espectador. Más féminas, Michelle Williams, en un papel hecho a su medida (con algunos momentos impagables), una irreconocible y preciosa Samantha Morton, en el papel femenino más entrañable y decisivo de la película, me ha encantado, esta actriz es estupenda. El resto de secundarios, todos muy correctos, puntualizar quizás al alter-ego del personaje de Hoffman dentro del film, un papel muy extraño, particular (quizás despista un poco al espectador) pero que está muy bien representado por Tom Noonan, actor que dio vida a Robocop en una de las películas del mítico personaje. Un reparto excelente, guiado por el protagonista absoluto de la velada, Philip Seymour Hoffman.

Con respecto a lo técnico, Charlie Kaufman no lo hace mal tras la cámara. Su estilo es similar al de Spike Jonze (director que ha llevado a cabo la gran mayoría de sus guiones), con mucha claridad, con pulso, quizás la personalidad destaque más en la construcción artística de su mundo (reconocible viendo los decorados, el piso en llamas, los pasillos azulescos, la decadencia de la paleta de colores), no obstante aprobado con nota, veremos si sigue por la senda de la dirección en los años que nos esperan, puede ser interesante. La música de otro habitual en el tándem Jonze-Kaufman, Jon Brion. El compositor crea una partitura bastante secundaria, con algunos tintes dramáticos muy hermosos, y otros que muestran los dientes cuando quizás no era necesario.

Quizás, el punto más duduso de "Synecdoche, New York", sea precisamente lo barroco de sus formas, sus saltos bruscos y la pluma nerviosa de Kaufman manchando el papel, acelerando y disminuyendo cuando bien quiere. Esto no es problema para el espectador atento, el que ensimismado por un mundo entre la realidad, la ficción, el drama o la comedia, deambula sin preguntarse cuando va a despertar. El problema es ese, si no se entra al trapo, si no se saborea la anarquía argumental, la película es una algarabía de monólogos y conflictos sin resolución. Hay que dejarse llevar, hay que buscarle su significado, entender la poesía de algunos pasajes,en definitiva, no es perfecta, pero si un film que os guste o no, os va a costar olvidar de las retinas, inexplicable, sí, pero para eso también sirve el cine, para sacar conclusiones propias, como en la vida, preguntarse a donde vamos, lo que hemos hecho, lo que vamos a hacer, grandes preguntas que ni el paradigmático Kaufman tiene respuestas, aun si, busquemos en el arte, la compresión, la reflexión, eso es lo humano, lo grande del cine. Un 9.



NOTA:9/10
AÑO: 2008
DURACIÓN: 124 min
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